“Estoy de acuerdo”, respondió Ana.
Cuando llegó la hora de irse, Ana no sintió alivio; sintió algo más parecido a la nostalgia. Carmen la abrazó con cariño.
Vuelve pronto. Y la próxima vez te visitaré en la ciudad.
En lugar de ansiedad, Ana respondió sin dudarlo: «Nos encantaría».
De camino a casa, Carlos la miró. "¿Todo bien?"
Ana observó cómo los campos se desvanecían tras ellos. «Más que bien. Me di cuenta de que el miedo suele surgir de las suposiciones. A veces simplemente hay que darle una oportunidad a la gente».
Carlos sonrió. "Me alegro de que lo hicieras".
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