Cuando Daniel regresó, encontró a Lucía sentada junto a su padre, leyéndole en voz baja.
La habitación estaba limpia.
El ambiente… lleno de paz.
Desde ese día, la verdad no destruyó a la familia.
La hizo más fuerte.
Y Lucía cuidó a Don Rafael hasta su último día…
no como una obligación…
sino como un homenaje al héroe que una vez se quemó vivo para salvarla.