Pero la tragedia no terminó allí.
Ningún país quiso recibirlos.
El barco fue rechazado de puerto en puerto a lo largo de la costa de la India.
El Imperio Británico —la mayor potencia del mundo en aquel momento— se negó una y otra vez.
“No es nuestra responsabilidad.”
La comida comenzó a escasear.
Las medicinas se agotaron.
Y la esperanza —lo único que había mantenido con vida a esos niños hasta entonces— empezó a extinguirse.
Maria, de 12 años, apretaba con fuerza la mano de su hermano de 6.
Había prometido a su madre moribunda que lo protegería.
Pero ¿cómo cumplir una promesa cuando el mundo entero ha decidido que no mereces vivir?
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