La batalla legal comenzó.
Los sobrinos alegaban manipulación, abuso, interés económico. Me llamaban oportunista, cazafortunas, aprovechada.
Al principio me afectaba. Cada comentario en redes, cada rumor en el barrio.
Hasta que una tarde ocurrió algo inesperado.
Doña Carmen, la vecina más chismosa del sector, tocó mi puerta.
Pensé que venía a curiosear.
Pero no.
Traía un folder lleno de fotos.
—Para el juicio —dijo.
Eran imágenes de Don Raúl jugando con Raulito, riendo conmigo, arreglando el jardín. Fotos de reuniones vecinales en su casa durante años.
Luego empezaron a llegar más vecinos.
Con cartas.
Testimonios.
Historias.
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