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Durante seis años, entró al mismo banco y preguntó lo mismo. Nadie la escuchó. Nadie la tomó en serio. Hasta el día en que volvió acompañada… y la cuenta que “no existía” cambió el destino de todos

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No a preguntar.

Solo a mirar.

La “loca del banco” salió caminando despacio, con la carpeta azul bajo el brazo.

Había cumplido.

Y nadie volvió a reírse de ella nunca más.

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