Pero no quiero que tomes esa decisión por mí. No es solo por ti, mamá, es por todos nosotros. Sonríó. Una sonrisa que recordaba tanto la de Armando que mi corazón se encogió. Creo que necesitamos un nuevo comienzo. Aquella noche, después de que Miguel y los niños partieron para el último vuelo de regreso a la Ciudad de México, la casa quedó extrañamente silenciosa. Ya me había acostumbrado a la tranquilidad de mi rutina solitaria, pero después de un fin de semana de risas y conversaciones, la ausencia de ellos era casi física.
Me senté en el sofá con una taza de té ojeando un álbum de fotografías que Armando había organizado meticulosamente a lo largo de los años. Nuestra boda, el nacimiento de Miguel, vacaciones familiares, cumpleaños, graduaciones, toda una vida capturada en imágenes. Cuando llegué a las últimas páginas, encontré algo que no había notado antes, un sobre pequeño pegado en la contraportada. Con cuidado.
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