
Enamorarse después de los 60 no es un juego.
Tampoco es un capricho, ni una segunda adolescencia.
Es un acto valiente… y a veces arriesgado.
La gente cree que, a esa edad, uno ya lo sabe todo sobre el amor.
Pero lo cierto es que enamorarse tarde en la vida tiene desafíos que nadie te advierte, porque solo quienes lo viven los entienden.
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