Hoy la casa está en silencio.
Las bugambilias volvieron a florecer.
Lucía perdió todo.
Mi hijo se fue.
Y yo… yo sigo viva.
Pero aprendí algo que nadie quiere escuchar:
A veces,
la peor enemiga de una madre
no es la nuera.
Es el hijo
que elige no ver.
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