Con la ayuda de una trabajadora social, Camila comprendió que estaba frente a un caso de violencia prenatal. Finalmente, contestó la llamada de Martín para decirle que estaba a salvo. Su respuesta fue escalofriante:
—¿Crees que puedes huir con mi hija?
No dijo “nuestra hija”. Ese detalle lo revelaba todo.
Claudia colgó el teléfono y juntas denunciaron la situación. La policía emitió una orden de restricción. Al registrar la casa, los agentes hallaron algo perturbador: la puerta de la futura habitación de la bebé tenía una cerradura que solo podía abrirse desde afuera.
Un nuevo comienzo
En octubre, Camila dio a luz a una niña sana a la que llamó Sofía. Estuvo rodeada de Claudia y un equipo de enfermeras que le brindaron el apoyo que necesitaba.
El doctor Morales fue a visitarla y, al verla con su hija en brazos, le recordó que su valentía había salvado dos vidas.
La recuperación no fue fácil. Camila debió enfrentar noches de llanto y miedo, pero poco a poco encontró fortaleza en la terapia y en el apoyo incondicional de su hermana. Se mudó a un pequeño departamento lleno de luz, donde armó un cuarto para Sofía libre de secretos y de candados.
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