Conocí historias que se parecían a la mía, mujeres fuertes que habían sido obligadas a callar durante demasiado tiempo. Ellas me inspiraron a hablar, a compartir mi verdad sin vergüenza ni miedo.
Hoy, mientras veo a Mateo dormir sobre mi pecho, sé que todo cambió aquel día: el golpe, el miedo, la traición… pero también la fuerza que descubrí en mí misma.
Y por eso cuento mi historia, para que ninguna mujer pase sola por el infierno que yo viví.
Si conoces a alguien que esté en peligro, habla, acompaña y comparte: una sola voz puede salvar una vida.