
Cada uno siguió su propio camino: ella con sus proyectos bien encaminados, yo con mis tropiezos, intentando reorganizar mi vida.
Hubo discusiones que dejaron cicatrices, palabras que nunca debieron decirse y silencios tan profundos que terminaron separándonos.
Creí que todo había quedado atrás… hasta que el destino decidió jugar su propia carta.
Lo que parecía ser solo una fractura terminó siendo algo mucho más serio.
Y fue entonces —contra toda probabilidad— cuando ella reapareció.
Desde hace cinco noches, no se ha movido de mi lado.
Duerme en una silla dura del hospital, usando su abrigo doblado como almohada.
No se queja, no exige nada, no revive viejas heridas.
Solo está.
Presencia silenciosa, firme, leal.
Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.