Un día un compadre me dijo que andaban buscando chóer para un artista muy importante, pero no me dijo quién. Me citaron en una casa grande, de esas que huelen a cera de piso y a café recién hecho. Me entrevistó un señor trajeado que hablaba poco y anotaba mucho. Me preguntó si tomaba, si fumaba, si tenía problemas con la justicia. Yo le dije la verdad que lo único que debía era la tanda. Al final de la entrevista me miró fijo y me dijo, “Pas a manejar para alguien muy conocido.
Aquí lo más importante no es que manejes bien, es que sepas callar. Yo asentí. A un chóer se le contrata tanto por las manos como por la boca cerrada. Eso lo tenía claro. El primer día lo vi.” Entró a la cochera con el paso tranquilo, sin hacer escándalo. Traía un saco sencillo, nada de lentejuelas ni cosas así. Me extendió la mano como si yo fuera alguien importante. Mario me dijo. Mucho gusto, Julián. Señor, a sus órdenes. Dime, Mario, por favor.
El señor, déjalo pa. Los que se sienten más grandes de lo que son. se rió bajito. Yo sonreí, pero por dentro estaba nervioso. Ahí estaba en carne y hueso, el hombre que había visto en el cine desde chamaco. Y ahora me tocaba llevarlo y traerlo como si nada. Los primeros meses fueron normales. Lo llevaba a los estudios, a entrevistas, a eventos. En el coche casi siempre iba revisando papeles, guiones, notas. A veces me preguntaba cosas de camino.
¿Cómo ves el tráfico, Julián? Más bravo que ayer. Siempre está bravo, Mario. Le contestaba. No más cambian los coches. Se reía. No hablábamos de cosas profundas. Trabajo es trabajo. Yo respetaba su espacio. Cuando él quería platicar, platicábamos. Cuando no, ponía la radio bajito y ya. Era buen patrón. Nunca me habló golpeado, nunca me hizo sentir menos. Me preguntaba por mi esposa, por mis hijos. Una vez, cuando supo que mi señora estaba en el hospital, me dio dinero sin que yo se lo pidiera.
No es préstamo, me dijo. Es para que no te preocupes de eso mientras manejas. No quiero que me mates por ir pensando en la cuenta del doctor. Así era él, generoso, pero sin presumir. Por eso, cuando empezaron las cosas raras, me dolió más, porque yo ya lo respetaba. Un día, después de dejarlo en una cena elegante, me mandaron avisar que no lo recogiera a la puerta principal, sino por una calle de atrás. Eso no era común. Él siempre salía por la entrada bonita donde estaban las cámaras y los fans.
Esa noche salió rápido, sin saludar a nadie, sin la sonrisa de siempre. Se subió al coche, cerró la puerta y solo dijo, “Arráncate, Julián. ¿A dónde Mario? Me dio una dirección que no estaba en la agenda, una colonia que yo conocía, pero por cosas que mejor no se cuentan. No era zona de artistas ni de políticos, era zona de negocios de otros. En el camino iba serio, sin decir palabra. Yo miraba por el retrovisor de vez en cuando, pero él traía la vista clavada en la ventana como si quisiera memorizar la ciudad por última vez.
Al llegar a la zona, me pidió, “Apaga las luces antes de llegar a la esquina. Eso no es algo que se le pide a un chóer por simple gusto. Ahí fue la primera vez que sentí que algo no cuadraba. Paré donde me dijo, se ajustó el saco, se puso una gorra que llevaba doblada en la bolsa y antes de bajar me miró. Julián, pase lo que pase hoy tú no viste nada. Estamos Yo no supe qué contestar.
No más dije, “Sí, Mario.” Se bajó y se metió entre las sombras, como cualquier hijo de vecino. Nada de reflectores, nada de gente pidiéndole foto. Ahí no era Mario Moreno el ídolo. Ahí era un hombre más caminando donde no debía estar. Me quedé solo en el coche con el motor apagado y el corazón acelerado. Nunca me había sentido tan nervioso como chóer. No sabía si estábamos ahí por algo bueno o por algo muy malo. Y la verdad, esa noche por primera vez lo pensé.
¿En qué está metido este hombre? Todavía no sabía que la respuesta era al revés de lo que parecía, pero todo empezó con esa frase. Arranca y no mires para atrás. Aunque yo la verdad desde ese día ya no pude dejar de mirar. Después de esa primera noche rara pensé que iba a hacer cosa de una sola vez, que tal vez había ido a ver a alguien enfermo o a ayudar a un conocido con problemas. Uno siempre trata de pensar bien de la gente que respeta.
⏬ Continua en la siguiente pagina ⏬
Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.