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“HAY UNA DROGA EN TU BEBIDA”, SUSURRÓ LA CAMARERA… Y EL MULTIMILLONARIO EXPUSO A SU PROMETIDA

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Lentamente, con una calma que contradecía la tormenta que se desataba en su interior, Javier bajó la copa. No la soltó, simplemente la depositó sobre el mantel de lino blanco, a centímetros de sus dedos, como si fuera una pieza de ajedrez que acababa de mover.

—¿Pasa algo, mi amor? —preguntó Liana. Su voz era dulce, una melodía ensayada que hasta hace unos segundos le parecía el sonido de la felicidad. Ahora, le sonaba a veneno.

Javier levantó la vista y la miró a los ojos. Buscó el amor que creía haber visto durante los últimos dos años, pero ahora, con el velo arrancado brutalmente de su mirada, solo vio impaciencia. Los ojos de Liana no brillaban de emoción por el brindis; brillaban con la anticipación de un depredador que ve a su presa acercarse a la trampa. Sus dedos tamborileaban imperceptiblemente sobre la base de su propia copa. Estaba ansiosa.

—No es nada —mintió Javier, recostándose en su silla con una falsa languidez—. Solo estaba pensando en lo afortunado que soy. En cómo la vida puede cambiar en un segundo.

Liana soltó una risa ligera, cristalina.
—Y cambiará para mejor, cariño. Mañana seremos imparables. Pero vamos, brinda conmigo. El champán se va a calentar.

Javier observó las burbujas subir en la copa maldita. *Un potente sedante*, había pensado. *Síntomas de un derrame cerebral*. Su mente, entrenada para conectar puntos dispersos, comenzó a rebobinar la película de su relación. Las veces que Liana insistía en conocer los detalles de sus pólizas de seguro, su interés repentino en la estructura legal de sus empresas, las reuniones con ese “primo lejano” que resultó ser un abogado de dudosa reputación. Todo lo que él había atribuido a un interés genuino por su vida compartida, ahora se revelaba como una auditoría hostil.

—Tienes razón —dijo Javier, inclinándose hacia adelante. Su mano volvió a rodear el tallo de la copa.

Desde la estación de servicio, a unos diez metros de distancia, Sofía contenía la respiración. Sus manos temblaban tanto que tuvo que soltar la bandeja que sostenía para no dejarla caer. *¿Me escuchó? ¿Me creyó?*, se preguntaba con terror. Si Javier bebía esa copa, no solo su vida acabaría, sino que ella misma quedaría marcada como una loca o una mentirosa si intentaba denunciarlo después. Vio cómo él levantaba el cristal. Sintió ganas de gritar, de correr y tirar la mesa, pero sus pies parecían de plomo.

Javier acercó la copa a sus labios. Los ojos de Liana se dilataron ligeramente; la comisura de sus labios se tensó. Era el momento de la verdad.

Pero justo antes de que el líquido tocara su boca, Javier frunció el ceño y alejó la copa bruscamente.

—¿Sabes qué? —dijo con voz autoritaria, lo suficientemente alta para llamar la atención de las mesas cercanas—. Este champán no está a la temperatura adecuada.

Liana parpadeó, confundida. La máscara de la novia perfecta se resbaló por una fracción de segundo, revelando una mueca de ira pura.
—Javier, por favor, está perfecto. No seas excéntrico ahora.

—No —cortó él, y su tono bajó una octava, volviéndose gélido—. Cuando pago por lo mejor, exijo lo mejor, Liana. Tú deberías saberlo. No acepto nada que esté… contaminado por la mediocridad.

Levantó la mano y chasqueó los dedos. No llamó al maitre, ni al sommelier. Buscó con la mirada a la única persona en la sala en la que confiaba en ese momento. Sus ojos oscuros se encontraron con los de Sofía. Con un gesto imperceptible de la cabeza, la llamó.

Sofía sintió que el estómago se le caía a los pies, pero avanzó. Cada paso hacia la mesa era una lucha contra el instinto de huir. Al llegar, intentó mantener la compostura, aunque sentía la mirada asesina de Liana clavada en ella.

—¿Sí, señor Monteiro? —su voz salió apenas como un hilo.

Javier la miró fijamente. En esa mirada no había reproche, sino una intensa evaluación. Él estaba confirmando lo que ella había arriesgado.
—Señorita… —leyó la placa en su uniforme— Sofía. Llévese esta copa. Y tráigame la botella, quiero ver la etiqueta de nuevo. Creo que hay un error con la cosecha.

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