Roberto reconoció inmediatamente la joya. Se la había regalado a Paloma por su 19o cumpleaños, apenas dos semanas antes de su desaparición. La pulsera llevaba grabadas las iniciales PH, Paloma Sandoval Herrera. Hay más, inquirió Roberto, mientras su esposa María Elena Herrera Campos, permanecía en silencio, apretando fuertemente su rosario. “Encontramos también esto”, dijo Fernando mostrando un teléfono celular dentro de otra bolsa hermética.
“Es un Nokia. modelo que se usaba en 2007. El agua lo dañó, pero tal vez los técnicos puedan recuperar información. El inspector Ramón Castillo Pérez, quien había dirigido la investigación original, llegó al cenote acompañado de dos agentes de la policía ministerial. Roberto lo había llamado inmediatamente después de que Fernando reportara el hallazgo.
“Buenos días, señor Sandoval”, saludó Castillo. Recibí su llamada. “¿Qué tenemos aquí?” Roberto le entregó la identificación y la pulsera. La identificación de Paloma y su pulsera estaban en el fondo del cenote. Castillo examinó los objetos. ¿A qué profundidad, Fernando? 12 m, inspector. Pero hay algo extraño. Las piedras que cubrían los objetos no parecían naturales.
Alguien las colocó ahí deliberadamente. ¿Qué quiere decir?, preguntó María Elena hablando por primera vez. Fernando señaló hacia el agua. Las piedras formaban un círculo perfecto. En mi experiencia, cuando algo cae accidentalmente al cenote, los objetos se dispersan por la corriente subterránea.
Esto estaba deliberadamente oculto. El inspector Castillo tomó notas. ¿Cuándo fue la última vez que alguien exploró este cenote? Según los registros del Instituto Nacional de Antropología, la última expedición oficial fue en 2006, respondió Fernando. Pero los locales vienen aquí frecuentemente para ceremonias tradicionales.
Roberto recordó las palabras del inspector 7 años atrás. Su hija probablemente se fugó con algún novio. Las jóvenes ricas a menudo buscan aventuras. Ahora con la evidencia física frente a ellos, esa teoría se desmoronaba. Inspector Castillo, usted cerró el caso en 2008 clasificándolo como desaparición voluntaria”, dijo Roberto.
“¿Todavía piensa lo mismo?” Castillo guardó silencio por unos segundos. “Señor Sandoval, con esta nueva evidencia el caso se reabre inmediatamente. Necesito que me acompañe a la comandancia para revisar todos los detalles de 2007.” María Elena se acercó al borde del cenote. “Mi hija nunca habría venido aquí sola. Ella le temía al agua profunda desde niña.
¿Qué hacían ustedes la noche del 31 de octubre de 2007?, preguntó el inspector. Roberto recordó claramente aquella noche. Estábamos en la hacienda preparando la ofrenda del Hanal Pixan. Paloma había ido al centro de Mérida con sus amigas para ver las celebraciones en la Plaza Grande.
Quedamos en que regresaría antes de medianoche. ¿A qué hora se reportó su desaparición? A las 2 de la mañana del 1 de noviembre. Sus amigas dijeron que la habían perdido de vista cerca de la catedral alrededor de las 11:30 de la noche. Fernando emergió nuevamente del agua. Inspector, ¿hay algo más? Encontré restos de tela enganchados en las piedras del fondo. Parece ser de un vestido.
El inspector tomó la muestra de tela en otra bolsa hermética. Era de color blanco con bordados tradicionales yucatecos. María Elena la reconoció inmediatamente. Es de Louis Pil que llevaba Paloma esa noche, dijo con voz quebrada. Lo mandé hacer especialmente para ella con una artesana de Valladolid.
Roberto sintió cómo se desplomaban todas las teorías que había construido durante 7 años para explicar la desaparición de su hija. La fuga voluntaria, el novio secreto, la nueva vida en otra ciudad. Todo había sido una ilusión para evitar enfrentar la realidad. ¿Cuándo pueden analizar el teléfono?, preguntó Roberto. Lo enviaremos hoy mismo a la Ciudad de México, respondió Castillo.
Los expertos en tecnología forense podrán extraer información aunque esté dañado por el agua. Fernando salió completamente del cenote y comenzó a guardar su equipo. Señor Sandoval, en todos mis años explorando cenotes, nunca había visto objetos personales depositados de esta manera. Alguien quería que estos objetos permanecieran ocultos para siempre.
El inspector Castillo organizó el perímetro de seguridad alrededor del cenote. Este lugar es ahora escena del crimen. Nadie más puede ingresar sin autorización. Roberto observó el agua cristalina del cenote sagrado. Los antiguos mayas consideraban estos lugares como puertas al inframundo, Shibalba.
Ahora se preguntaba si su hija había encontrado su camino hacia ese mundo místico o si alguien la había enviado ahí contra su voluntad. ¿Qué sigue ahora, inspector?, preguntó Roberto. Mañana comenzaremos a revisar todos los testimonios de 2007. También necesito una lista completa de todas las personas que tuvieron contacto con Paloma durante el festival. Esto ya no es una desaparición, señor Sandoval.
Esto es una investigación criminal. María Elena se persignó y murmuró una oración en Maya. Paloma, hija mía, finalmente podremos encontrar la verdad. En la comandancia de la Policía Ministerial de Mérida, el inspector Ramón Castillo Pérez extendió sobre su escritorio el expediente completo de la desaparición de Paloma Sandoval Herrera.
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