“Sí”, respondió Eduardo. Patricio había dejado una caja de fotografías y documentos personales. La caja desapareció. Roberto comprendió la implicación. Patricio está eliminando evidencias que puedan conectarlo con otros crímenes. Esa noche, Roberto decidió quedarse en casa de sus suegros por seguridad.
Temía que Patricio pudiera intentar intimidar a las familias de las víctimas. A las 2 de la mañana, el sistema de alarma de la casa de los Sandoval se activó. Roberto recibió la llamada del servicio de seguridad inmediatamente. Señor Sandoval, detectamos intrusión en su propiedad. La policía ya se dirige al lugar. Roberto y el inspector Castillo llegaron a la casa simultáneamente.
Los agentes habían acordonado el área, pero el intruso había escapado. ¿Qué se llevaron? Preguntó Roberto mientras revisaba el interior de la casa. Los intrusos habían revisado específicamente el estudio de Roberto y la habitación de Paloma. Faltaba la computadora de Paloma y varios archivos personales. Patricio está tratando de eliminar cualquier evidencia que pueda conectarlo con el chantaje”, concluyó Castillo.
Al día siguiente, Roberto recibió una llamada telefónica anónima. “Señor Sandoval, deje de buscar la verdad sobre su hija. Hay cosas que es mejor no saber.” Roberto reconoció inmediatamente la voz. Era Patricio Morales. ¿Dónde estás, cobarde? gritó Roberto más cerca de lo que piensa. Y si continúa con esta investigación, su esposa podría sufrir el mismo destino que Paloma.
La llamada se cortó abruptamente. Roberto informó inmediatamente al inspector Castillo, quien rastreó la llamada hasta una torre celular en las afueras de Mérida. “Patricio está en Yucatán”, confirmó Castillo. “Estoy ordenando patrullajes intensivos en toda la zona metropolitana.” Esa tarde, Carmen Valdésam Amal, la amiga de Paloma, llamó a Roberto completamente aterrorizada.
Señor Sandoval, alguien me está siguiendo. Es el mismo hombre de las fotografías que me mostraron en la comandancia. Roberto se dirigió inmediatamente a Valladolid para proteger a Carmen. La encontró refugiada en la escuela donde trabajaba, rodeada de colegas y padres de familia. ¿Desde cuándo te está siguiendo?, preguntó Roberto. Desde ayer.
Primero pensé que era coincidencia, pero hoy lo vi esperando afuera de mi casa en la mañana. Roberto llamó al inspector Castillo, quien envió inmediatamente una unidad de protección a Valladolid. Carmen, necesitas contarme todo lo que sepas sobre Patricio Morales. Cualquier detalle puede ser importante.
Carmen se concentró en sus recuerdos. En la universidad, Patricio tenía fama de acosador. Varias chicas se habían quejado de que la seguía y tomaba fotografías sin permiso. ¿Sabes si chantajeó a otras estudiantes además de paloma? Sí, había rumores, pero las chicas nunca denunciaban oficialmente porque tenían miedo de que sus familias se enteraran.
Roberto se dio cuenta de que Paloma había sido probablemente una de varias víctimas de Patricio. ¿Conoces los nombres de otras víctimas? Carmen mencionó tres nombres de excompañeras universitarias. Roberto pasó esta información inmediatamente al inspector Castillo. Esa noche, mientras Roberto regresaba a Mérida, notó que un vehículo lo seguía constantemente. Era un automóvil oscuro con vidrios polarizados.
Roberto cambió de ruta varias veces para confirmar que lo estaban siguiendo. El vehículo misterioso se mantuvo siempre a la misma distancia. Cuando Roberto se detuvo en una gasolinera para cargar combustible, el vehículo se estacionó en el extremo opuesto del establecimiento. Roberto pudo ver vagamente la silueta del conductor, que parecía observarlo constantemente.
Roberto llamó al inspector Castillo para reportar la persecución. Roberto, dirígete directamente a la comandancia. No vayas a tu casa”, ordenó Castillo. Cuando Roberto llegó a la comandancia, el vehículo que lo había seguido desapareció en la oscuridad de la noche. El inspector Castillo organizó inmediatamente un operativo de búsqueda en toda la ciudad.
Patricio está jugando con fuego, pero cometió un error al regresar a Yucatán. Aquí lo vamos a capturar. Al amanecer del cuarto día de búsqueda, el inspector Castillo recibió una pista crucial. Un taxista había reportado haber trasladado a un hombre que coincidía con la descripción de Patricio Morales desde el aeropuerto de Mérida hasta un hotel económico en el centro histórico. El pasajero pagó en efectivo estadounidense y parecía nervioso”, reportó el taxista.
Me pidió que lo dejara dos cuadras antes del hotel. Castillo organizó inmediatamente un operativo de cerco alrededor del hotel colonial, un establecimiento de segunda clase frecuentado por mochileros y trabajadores temporales. Roberto insistió en acompañar el operativo pese a las objeciones del inspector.
Roberto puede ser peligroso. Patricio está desesperado y podría reaccionar violentamente, advirtió Castillo. Es mi hija quien está muerta. Tengo derecho a estar presente cuando capturen a su asesino. A las 10 de la mañana, ocho agentes rodearon el hotel colonial. Castillo confirmó con el gerente que un huéspedado como Pedro Hernández coincidía físicamente con Patricio Morales.
Está en la habitación 237, informó el gerente. Llegó hace tres días y casi no ha salido del cuarto. Los agentes subieron silenciosamente las escaleras. Castillo tocó la puerta de la habitación 237. Policía, abra la puerta. No hubo respuesta inmediata. Después de varios minutos se escuchó movimiento al interior.
Sé que están ahí, gritó una voz desde el interior. No voy a salir. Castillo reconoció la voz de Patricio Morales por las grabaciones de los interrogatorios estadounidenses. Patricio, salga con las manos levantadas. Está rodeado y no tiene escapatoria. No voy a ir a prisión por algo que fue un accidente”, gritó Patricio. Roberto no pudo contenerse. Patricio Morales.
Soy Roberto Sandoval, el padre de Paloma. Quiero escuchar la verdad de tu propia boca. Se hizo silencio absoluto durante varios minutos. Finalmente, Patricio respondió, “Señor Sandoval, yo no quería que Paloma muriera. Todo se salió de control. Entonces, sal y explica exactamente qué pasó esa noche.
Después de media hora de negociación, Patricio accedió a salir pacíficamente a cambio de poder dar su testimonio completo antes de ser arrestado. Cuando se abrió la puerta de la habitación, Patricio Morales apareció visiblemente demacrado y nervioso. Tenía barba de varios días y parecía no haber dormido.
Los agentes lo esposaron inmediatamente, pero Castillo permitió que hablara antes de trasladarlo a la comandancia. Señor Sandoval, necesito que entienda que yo nunca planeée lastimar a Paloma”, comenzó Patricio. El chantaje era solo para conseguir dinero. Roberto lo miró con odio. Explica exactamente qué pasó en el cenote.
Paloma llegó como habíamos acordado, con los 5000 pesos en efectivo. Yo le entregué las fotografías originales y los negativos. Entonces, ¿por qué la confrontación? Patricio bajó la cabeza. Porque Paloma descubrió que yo había hecho copias digitales de todas las fotografías. Las tenía guardadas en mi computadora. Roberto sintió náuseas.
Planeabas chantajearla indefinidamente. No era mi intención original, pero cuando vi cuánto dinero podía conseguir, pensé en hacerlo un negocio regular. Continué con lo que pasó esa noche”, ordenó Castillo. Paloma se enfureció cuando se dio cuenta del engaño. Me gritó que iba a denunciarme a la policía y a sus padres.
Dijo que no le importaba el escándalo con tal de verme en prisión. Roberto esperó la continuación. Intenté calmarla, pero ella estaba histérica. comenzó a golpearme con su bolsa de mano. Yo solo traté de detenerla, pero ella se alejó de mí corriendo hacia el borde del cenote. Y entonces Patricio comenzó a llorar. El borde estaba resbaloso por la humedad.
Paloma perdió el equilibrio y cayó golpeándose la cabeza contra las piedras. Roberto sintió que su mundo se desplomaba nuevamente. Estaba viva cuando cayó. Sí, pero el golpe fue muy fuerte. cayó inconsciente inmediatamente. Traté de ayudarla, pero había mucha sangre. ¿Por qué no llamaste una ambulancia? Entré en pánico. Sabía que me culparían por su muerte. Pensé que nadie me creería que había sido un accidente. Castillo intervino.
¿Qué hiciste con el cuerpo? Esperé hasta estar seguro de que había muerto. Después la llevé hasta la cueva subacuática. Conocía ese cenote desde la preparatoria y sabía que había cuevas donde nadie la encontraría. Roberto se acercó a Patricio. ¿Por qué ocultaste sus pertenencias también? porque contenían evidencia del chantaje.
Su teléfono tenía nuestros mensajes de texto y su bolsa tenía el dinero que me había pagado. Y las fotografías digitales las borré de mi computadora esa misma noche, pero conservé algunas en una memoria USB como seguro por si acaso. El inspector Castillo ordenó el traslado inmediato de Patricio a la comandancia. Durante el trayecto, Roberto viajó en el mismo vehículo para continuar el interrogatorio.
Patricio, ¿ctajeaste a otras estudiantes además de paloma? Sí, a tres más, pero con ellas solo pedí cantidades pequeñas y después las dejé en paz. ¿Por qué con Paloma fue diferente? Patricio dudó antes de responder porque sabía que su familia tenía mucho dinero. Pensé que podría conseguir cantidades mayores regularmente. Roberto sintió una rabia incontenible. Mi hija murió porque eras un ambicioso.
Señor Sandoval, juro por mi madre que nunca quise que Paloma muriera. Si pudiera regresar el tiempo, pagaría cualquier precio por cambiar lo que pasó. Roberto guardó silencio durante el resto del trayecto, procesando finalmente la verdad completa sobre la muerte de su hija. En la comandancia, Patricio proporcionó su confesión formal ante las cámaras de video.
También entregó la ubicación exacta de la memoria USB, donde había guardado copias de todas las fotografías comprometedoras. Esa tarde, Roberto llamó a María Elena para contarle todo lo que había confesado Patricio. Realmente fue un accidente, preguntó María Elena. Según su versión, sí, pero su comportamiento después del accidente fue completamente criminal.
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