Conclusión: un llamado a la reflexión
La falta de amigos —o la pérdida de amistades— no debe interpretarse siempre como un signo de fracaso o carencia. Más bien puede ser una alerta interior: un indicio de que estás cambiando, creciendo, replanteando tu vida. Como dice Rolón: no estás roto; eres un ser en transformación.
Aceptar la soledad, valorarte por lo que eres, buscar profundidad en lugar de superficialidad… ése puede ser el camino hacia relaciones más sinceras y auténticas, y hacia un bienestar emocional más real.
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