Un año después.
El jardín de la mansión Quinta da Boa Vista estaba diferente. Había juguetes esparcidos por el césped y olor a barbacoa. Roberto había vendido las empresas. Ahora trabajaba como consultor desde casa, dedicando sus tardes a llevar a Lorena a terapia física y a natación. Carla había sido condenada a 12 años de prisión por tortura, lesiones corporales graves y abandono de incapaz. El escándalo destruyó su reputación y sus “amigos” desaparecieron.
Lorena corría por el jardín. Todavía tenía una gran cicatriz en la espalda, una marca que nunca desaparecería, pero ya no dolía. —¡Tía Rosa! ¡Tía Rosa! —gritó Lorena. Rosa salió de la cocina con una bandeja de jugo. A su lado estaba Júlia, que ahora trabajaba como asistente administrativa de Roberto y estudiaba enfermería por las noches. —¡Despacio, niña! —río Rosa.
Lorena se lanzó a los brazos de Rosa. —Papá dice que hoy podemos comer pastel de zanahoria antes de la cena. Roberto se acercó, sonriendo, con un aspecto más relajado, menos rico, pero mucho más feliz. —Lo que diga la jefa Rosa, se hace —dijo él, guiñando un ojo.
Rosa miró a esa familia improbable: un padre redimido, una hija superviviente, una joven madre que había encontrado un nuevo propósito y ella misma, que había encontrado su lugar. —Entonces, que sea pastel de zanahoria —sentenció Rosa.
Y por primera vez en mucho tiempo, en esa casa, nadie tuvo que comer solo, nadie tuvo miedo y el dolor fue, finalmente, solo un recuerdo lejano cubierto por el amor que Rosa había tenido el coraje de sembrar.
Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.