Jamás imaginé que una broma inocente destruiría mi matrimonio antes incluso de comenzar. Se suponía que sería la noche perfecta — después de meses de estrés, preparativos y expectativas. Cuando los últimos invitados se fueron y la puerta de la suite del hotel se cerró detrás de nosotros, finalmente sentí que podía respirar.
Quise hacer algo ligero, tonto, solo nuestro. Me escondí debajo de la cama para asustar a Daniel cuando entrara — infantil, lo sé, pero justamente por eso lo hice: un gesto simple, íntimo, divertido.
Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.