—Señora… —dijo, frunciendo el ceño mientras revisaba los resultados otra vez—. Esto puede sonar extraño, pero los análisis indican… un embarazo.
—¿Qué? —exclamó Larissa—. ¡Tengo sesenta y seis años!
—Existen casos extremadamente raros —respondió con cautela—. Pero para estar seguros, necesita consultar a un ginecólogo.
Larissa salió del consultorio en estado de shock, aunque en lo más profundo… lo creyó. Ya tenía tres hijos, y a medida que su vientre crecía, empezó a convencerse de que estaba viviendo un “milagro tardío”. A veces sentía presión, pesadez e incluso algo parecido a movimientos, lo que reforzaba aún más su creencia.
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