El salón estaba lleno de gente elegante, cámaras, flores blancas. Eric hablaba en el escenario, pero su voz sonaba distinta, sin ese tono de espectáculo.
—Esta beca —decía— no es para quienes nacieron con todas las oportunidades, sino para quienes las crean con esfuerzo, incluso cuando la vida les cierra puertas. Para quienes siguen aprendiendo, aunque el mundo les diga que no pueden.
Valeria lo escuchaba desde el fondo, con el corazón acelerado.
—La primera beneficiaria —continuó él— es alguien que me recordó el verdadero sentido del respeto. Alguien que, sin saberlo, me dio la lección más importante de mi vida. Por favor, recibamos a… Valeria Torres.
El nombre le golpeó el pecho. Las manos le sudaron. Camila, a su lado, la empujó suavemente.
—Ve, Vale. Es tu momento.
Subió las escaleras con las piernas temblorosas. Eric le entregó un sobre dorado. Ella lo tomó sin mirarlo.
—No hice nada para merecer esto —susurró.
—Hiciste más de lo que imaginas —respondió él, también en voz baja—. Me enseñaste el valor de lo que no se compra.
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