El divorcio siguió su curso. No fue rápido ni limpio, pero fue firme. Lo más difícil no fue el papeleo: fue soltar la idea de la “familia perfecta” que Carmen defendía a costa de mi dignidad. Y lo más liberador fue recuperar mi voz sin pedir permiso.
Si has leído hasta aquí, dime algo: ¿qué habrías hecho tú en mi lugar esa noche en la entrada? ¿Habrías denunciado desde el primer momento, o también habrías intentado “no armar lío”? Y si eres de quienes alguna vez dijeron “seguro exagera”, ¿qué te hace cambiar de opinión al ver señales como estas? Te leo en los comentarios—porque hablarlo, en español y sin tapujos, también puede salvar a alguien.