Cuando llegaron a casa, Ricardo estaba en el patio regando plantas. Sonrió al verlos… y luego se preocupó al ver la cara de Daniela.
“¿Qué pasó?”
“Nada”, mintió ella. “Mateo hizo un berrinche.”
“No fue berrinche”, gritó Mateo corriendo hacia su padre. “¡Papá! Vi a mi hermano. Estaba vendiendo dulces en la plaza y mamá no me dejó quedarme.”
Ricardo soltó una risa que se le murió al instante cuando vio el temblor de Daniela.
“Campeón… no tienes hermanos.”
“Sí tengo. Es igualito a mí. Díselo tú, mamá.”
Esa noche, cuando Mateo por fin se durmió, Daniela abrió una carpeta vieja con papeles médicos. Releyó todo. Nada hablaba de embarazo múltiple. Pero las memorias de ese día estaban agujereadas, como una película cortada. Y ese vacío —ese maldito vacío— ahora tenía forma de niño descalzo.
A la mañana siguiente, Mateo se negó a desayunar.
“Quiero ver a mi hermano”, repetía.
Ricardo intentó calmarlo, pero Daniela ya no podía. Algo dentro de ella, por primera vez en años, dejó de huir.
“Vamos a la plaza”, dijo.
Ricardo la miró como si no la reconociera. “¿Estás segura?”
“No. Pero necesito saber.”
En la plaza, Pablo estaba sentado solo con un pedazo de pan duro. No había rastro de la tía Consuelo.
Mateo salió corriendo y lo abrazó como si se reencontrara con una parte de sí mismo.
Ricardo se quedó boquiabierto. “Dios mío… Daniela… son idénticos.”
Daniela asintió, sintiendo una mezcla de miedo y esperanza.
“¿Dónde está la tía Consuelo?”, preguntó Mateo.
“Se fue al hospital anoche”, respondió Pablo con los ojos hinchados. “No sé cuándo vuelve.”
Ricardo se agachó frente al niño. “¿Tienes cinco años?”
“Creo que sí. La tía Consuelo dijo que nací el día que hay cohetes en el cielo.”
Daniela se puso pálida.
“Mateo nació en Nochevieja”, susurró.
El mundo se quedó quieto un segundo. Luego, como si alguien hubiera empujado un dominó, todo empezó a caer.
Fueron al hospital. Tras insistir, una encargada de archivos —doña Guadalupe— encontró la carpeta del parto. Había hojas faltantes. Y en una página, apenas visible, algo escrito a lápiz: “gestación múltiple”. Borrado. Como si alguien hubiera querido borrar también la verdad.
“¿Quién podía tocar estos archivos?”, preguntó Daniela.
“Familia directa… su esposo… su mamá… su suegra”, respondió doña Guadalupe.
Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.