—La memoria USB —dije—. No me hagan jugar.
Una prima, Lucía, evitó mis ojos.
Eso fue suficiente.
No necesitaba confesión.
Necesitaba dirección.
Respiré.
Marqué a un número guardado como “Lic. Ramírez — Notaría”.
Alejandro me lo había dado meses antes, con una frase extraña:
“Si algún día mi familia se pone pesada, tú llama. No discutas.”
Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.