Anoche, Lily me preguntó en voz baja: «Mamá... ¿crees que algún día podrás perdonarme?».
La miré, la miré con atención. «El perdón no es un momento, Lily. Es un proceso. Y lo estás viviendo ahora».
Asintió, con lágrimas en los ojos, y susurró: «Seguiré caminando, mamá. Hasta que sea necesario».
Y por primera vez, le creí.
Mi historia ya no se trata de venganza: se trata de límites, resiliencia y el precio de las palabras irreflexivas. Lo perdí todo una vez: mi dignidad, mi paz, mi autoestima. Nunca lo volveré a perder.
Para quienes me escuchan, recuerden: A veces el amor sobrevive. A veces no. ¿Pero la dignidad? Esa nunca debe renunciarse.
¿Qué habrías hecho en mi lugar? Comparte tu opinión: quiero saber cómo manejarías una traición como esta.
Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.