Porque ese día no solo recuperé la custodia de mi hija.
Recuperé mi voz.
Y aprendí que, a veces, la justicia no entra por la puerta con abogados y discursos.
A veces… se levanta de una silla demasiado grande, con los pies colgando sin tocar el suelo, y dice la verdad con manos temblorosas y un valor que le cambia el destino a todo el mundo.
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