—No tienes hijas, Marco. Elegiste el dinero antes que a tu familia. Y ahora, por más riqueza que persigas, nunca volverás a alcanzarnos.
Me di la vuelta con mis gemelas.
Subimos de nuevo al Rolls-Royce mientras los guardias arrastraban a Marco fuera de su propia boda.
Ese día, Marco aprendió la lección más cruel:
la verdadera riqueza no está en el brillo de un coche ni en un traje caro, sino en la familia que estuvo dispuesta a caminar contigo… y que él perdió para siempre.
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