La boda de Rachel fue más que una ceremonia: fue un evento social lleno de colegas, amigos y familiares. Personas que la veían como amable y cálida. Personas que no tenían ni idea de lo diferente que podía ser en privado.
No quería caos ni venganza. Quería honestidad. Y quería recuperar mi dignidad.
Así que planeé algo sencillo pero significativo.
Contacté a Daniel, el prometido de Rachel, con la excusa de devolverle un objeto viejo que me había dejado años atrás. Para mi sorpresa, respondió amablemente. Quedamos para tomar un café, y cuando me preguntó por qué no asistiría a la boda, le dije la verdad. Le enseñé mensajes. Puse un mensaje de voz. No dramaticé ni exageré.
Escuchó en silencio.
Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.