Basta", dice. "Esto es una locura".
"Mi casa", responde tu padre en voz baja, con fuerza. "Y tuviste el descaro".
Martín se estremece, pero luego se recupera, calculador como siempre.
"No quiso lastimar a nadie", dice. "Simplemente pasó. Lo siento".
Perdón.
La palabra suena absurda al lado de años de daño.
Valentina se aferra al brazo de Martín, presentando una imagen de embarazo frágil y apoyo. Una imagen diseñada.
"¿Es cierto?", susurra tu madre.
Martín asiente con reticencia. "Vamos a tener un bebé".
El dolor se desploma en el rostro de tu madre. Busca un lugar donde posarse. Hoy, te niegas a cargarlo.
"Lloraste por ella", le dices con dulzura. “Ni siquiera me miraste.”
“No lo sabía”, susurra.
“No preguntaste.”
La presencia de Diego te tranquiliza.
“Esta es nuestra boda”, dice con calma. “No la convertirás en un arma.”
Valentina se gira hacia él. “¿Tu esposa?”, espeta.
“Te vi claramente”, dice Diego con serenidad. “Por eso no te elegí.”
Se escuchan jadeos entre la multitud.
“La amo”, añade simplemente.
La luz del sol parece inundar tu pecho.
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