El Lada se alejó.
El patio estaba vacío.
Lena se quedó de pie y miró el lugar donde había estado el coche hacía apenas una hora.
Y con él, la ilusión de la familia.
El teléfono sonó, como si fuera una señal.
Denis.
"¡¿Dónde estás?!", gritó. "¡El coche se ha ido!"
"Lo vendí."
Silencio. Luego, un chillido.
"¡¿Qué has hecho, idiota?! ¡Esta es mi propiedad!"
"Estas son tus deudas, Denis. Luz, hipoteca, comida." ¿O pensaste que todo se esfumaría?
¡No tenías derecho!
¿Y tenías derecho a robarle a tu familia?
Se quedó en silencio. Y en ese silencio, Lena se dio cuenta de repente: tenía miedo. No por ella. No por su hijo.
Por sí mismo.
"Devuélveme el coche", dijo con fuerza. "Yo lo arreglaré todo".
"Ya lo has arreglado".
Colgó.
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