
A menudo son los detalles los que más impresionan: un despertador programado cada dos horas, comidas improvisadas, peinados raros. No hablaba mucho de sus emociones, pero cada gesto decía: "Aquí estoy". Cuando las miradas de los demás se volvían opresivas, siempre encontraba una frase para calmar la incomodidad, como un discreto escudo entre el mundo y yo.
Cuando la verdad espera demasiado

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