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Microchip ocular promete devolver visión funcional a personas con ceguera avanzada

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Un análisis publicado en una prestigiosa revista médica detalla cómo un diminuto microchip subretinal permitió que personas con atrofia geográfica, una de las formas más severas de la enfermedad, recuperaran funciones visuales que habían abandonado hace años. La novedad no solo sorprende por sus resultados, sino también por su diseño: por primera vez, un dispositivo electrónico consigue imitar la labor de los fotorreceptores humanos con un grado de eficacia que abre nuevas perspectivas para la oftalmología moderna.

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El implante es tan pequeño que apenas supera los dos milímetros de lado y tiene un grosor inferior al de una hoja de papel. Se coloca debajo de la retina, en el área afectada por la enfermedad, y está conformado por cientos de píxeles fotovoltaicos capaces de transformar luz infrarroja en señales eléctricas. Esas señales despiertan a las neuronas retinianas que aún permanecen activas y les permiten transmitir información al cerebro, generando una especie de “visión artificial” que reemplaza a los fotorreceptores perdidos.

El sistema completo, conocido como PRIMA, trabaja en conjunto con unas gafas especiales equipadas con una microcámara. Esta cámara registra la escena, convierte la imagen en señales infrarrojas y las proyecta sobre el chip implantado. De esta forma, el microchip actúa como un puente entre el mundo exterior y las células que aún pueden responder, abriendo una nueva vía de comunicación visual.

Uno de los aspectos más valorados por los expertos es que el implante funciona sin cables ni baterías internas, lo que disminuye riesgos quirúrgicos y permite preservar la visión periférica natural del paciente. Mantener esta capacidad es esencial para orientarse, caminar y realizar actividades cotidianas con seguridad.

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El ensayo clínico se desarrolló en varios centros europeos y reunió a decenas de participantes con pérdida central severa. Tras meses de seguimiento, los investigadores observaron que la mayoría recuperó una visión central lo suficientemente clara como para identificar letras, leer palabras o distinguir objetos simples. En términos de mediciones oficiales, los pacientes lograron avances significativos en las pruebas de lectura, superando las expectativas iniciales del equipo científico.

Los testimonios de quienes participaron describen experiencias que, aunque sencillas, significan un enorme cambio: volver a notar el contorno de un rostro, seguir una línea de texto o reconocer la forma de utensilios cotidianos. Estos logros, modestos para una persona con visión normal, representan un salto inmenso para quienes convivían con una mancha central que impedía cualquier actividad visual de precisión.

En cuanto a la cirugía, los especialistas reportaron que fue bien tolerada. Los efectos secundarios observados —como leves aumentos de presión ocular— fueron temporales y respondieron al tratamiento estándar. Una vez superada la intervención, cada paciente inició un programa de entrenamiento visual para aprender a interpretar las señales generadas por el chip. Este proceso es clave, ya que el cerebro necesita adaptarse a una nueva modalidad de estímulo.

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