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Mientras firmaba el divorcio lo llamó ‘basura negra’… pero el juez leyó algo que lo cambió TODO…

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El juez dio un último golpe con el mazo, cerrando el caso con solemnidad. Divorcio aprobado. Sin bienes compartidos. queda libre de cualquier vínculo con la señora Daniela Álvarez. Marcus no se movió, se quedó allí solo en su silla mirando el vacío y de pronto las lágrimas comenzaron a caer. No eran lágrimas explosivas ni dramáticas, no eran de rabia ni de venganza. Eran lágrimas silenciosas de esas que nacen del alma rota. No lloraba por perder una casa, ni autos, ni dinero.

Lloraba por algo mucho más cruel, por la imagen que él había construido en su corazón, por los sueños que alguna vez compartió con una mujer que ahora sabía que jamás lo amó. ¿Cómo puede doler tanto ver en lo que se convierte alguien a quien alguna vez imaginaste tomándote de la mano en la vejez? Eso pensaba mientras su corazón se quebraba. Porque lo más duro no fue la traición, fue darse cuenta de que él sí la quiso, que sí creyó en ella, que si la eligió y que esa elección lo había llevado al infierno.

Semas pasaron, luego meses. Daniela, en su lujoso departamento, que ahora apenas podía costear, comenzó a sentir el verdadero vacío. Los hombres que antes la rodeaban ya no la llamaban. Las amigas con las que se burlaba de Marcus dejaron de aparecer. Solo le quedaban las joyas frías, inertes, pesadas, como una cadena que recordaba cada palabra que había dicho, cada insulto que había lanzado. Una tarde, caminando por una calle comercial, Daniela lo vio. Marcus iba del brazo con una mujer hermosa, pero no por lo superficial.

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