Hay algo que necesito contarte antes de que sea demasiado tarde…”
La voz de Sophie vaciló mientras miraba a su abuelo. Su rostro estaba pálido y sus dedos apretaban fuertemente la manta.
“¿De quién es esta carta, abuelo?” preguntó suavemente.
Sus labios temblaron. “Solo puede ser de una persona,” susurró. “Eleanor.”
Sophie nunca había oído ese nombre antes. “¿Quién fue Eleanor?”
James respiró profundamente con dificultad. “Ella fue… el amor de mi vida.
Un silencio sorprendido invadió la habitación.
“Era joven cuando la conocí,” continuó él, con la voz cargada de nostalgia. “Ella estaba llena de vida, siempre sonriendo. Planeamos huir juntos, empezar de nuevo lejos de las expectativas de nuestras familias.”
El corazón de Sophie se aceleró. “¿Y qué pasó?”
“Mi padre no aprobaba. Tenía otros planes para mí. En aquella época, era difícil ir contra los deseos de la familia. Fui demasiado cobarde para enfrentarlo. Un día, ella simplemente… desapareció.”
Sophie tragó saliva. “¿Nunca intentaste buscarla?”
James negó con la cabeza, con la mirada perdida en el dolor del pasado. “Pensé que ella había seguido adelante. Me convencí de que era lo mejor.”
Sophie volvió la vista a la carta, sintiendo el peso de aquellas antiguas palabras en sus manos. Continuó leyendo.
“Te esperé, James. Esperé más de lo que debía. Y entonces, cuando finalmente decidí irme de la ciudad, escribí esta carta y la escondí dentro del libro que tanto amabas, con la esperanza de que algún día la encontraras y supieras la verdad. Nunca dejé de amarte.”