Se sentaron juntos, con las manos entrelazadas, recuperando toda una vida de palabras nunca dichas. Sophie observaba con lágrimas en los ojos, dándose cuenta de que el destino les había dado una segunda oportunidad.
Al salir del hogar ese día, James apretó la mano de Sophie. “Gracias por leerme,” dijo. “Me has devuelto algo que pensé perdido para siempre.”
Sophie sonrió. “El amor siempre encuentra el camino a casa, abuelo.”
Y en ese momento, supo — hay cosas que, sin importar cuánto tiempo tarden, simplemente están destinadas a suceder.
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