
Mientras ajustaba la hebilla del zapato izquierdo, escuché voces provenientes de la cocina. La puerta estaba entreabierta. Reconocí de inmediato la voz de Carmen, mi futura suegra, baja pero firme. Me quedé quieta sin querer, sin respirar siquiera.
—¿Estás seguro de que ella no sospecha nada? —preguntó Carmen.
El corazón me dio un salto. Daniel respondió con un tono que nunca antes le había escuchado.
—No, mamá. Laura confía plenamente. Todo está a nuestro nombre en cuanto nos casemos.
Sentí un frío recorrerme la espalda. Carmen soltó una risa breve, seca.
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