El Palacio de Linares en Madrid brillaba bajo la luz dorada de los candelabros. Entre los invitados de la alta sociedad española, todos vestidos con trajes elegantes y vestidos de gala, se encontraba Claudia Fernández, embarazada de siete meses, intentando pasar desapercibida en un discreto vestido azul celeste. Su esposo, Javier Molina, un empresario multimillonario conocido por su temperamento explosivo, estaba en el centro de la sala, conversando y riendo con sus colegas, mientras a su lado permanecía Valeria Suárez, su amante, con un vestido rojo intenso.
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