Rodrigo fue condenado a 30 años de prisión. En la cárcel se convirtió en el recluso más despreciado. Incluso los criminales tienen códigos. Y tratar de matar a una esposa embarazada y a sus propios hijos es algo que no se perdona. Doña Bernarda fue enviada a una prisión de mínima seguridad debido a su edad, pero murió al año siguiente, sola y amargada, olvidada por todos. Sofía recibió 15 años. Perdió su juventud tras las rejas. Elena se recuperó por completo, tomó las riendas de la empresa de su padre y la hizo crecer aún más.
Pero su verdadero trabajo fue criar a Leo y a Mía, sus gemelos. Nunca les ocultó la verdad sobre su padre, pero les enseñó que la sangre no te define. Tus acciones lo hacen. A veces la gente piensa que la venganza es mala, que envenena el alma. Pero Elena sabía la verdad. La venganza, cuando es justicia, es la medicina más dulce. Ella se había tragado el veneno de ellos durante meses, pero al final fue ella quien escupió fuego. Y mientras miraba a sus hijos jugar en el jardín de su mansión, libre de sombras, Elena sonríó. Había muerto para poder vivir y vaya si estaba viviendo.
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