Porque, al final, no se trataba de dinero ni de apellidos. Se trataba de eso que ahora tenían entre los dos: una casa pequeña, un perro que dormía en el sofá, una mesa donde siempre había un plato para alguien más, y una certeza simple y poderosa.
Por fin, estaban en un lugar donde nadie tenía que avisar: “No entres, es una trampa”.
Por fin, estaban en casa.
Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.