—Quédate.
—¿Qué dices?
—Quédate conmigo. Hay trabajo, hay espacio… y si tú quieres, podríamos casarnos.
La propuesta era simple, sincera y llena de esperanza.
Isabela vio en sus ojos la misma soledad que llevaba en su propio corazón.
—Sí… me quedaré.
Amor, familia y futuro :
Los días siguientes transformaron el rancho. Isabela llenó la casa de vida: flores, nuevos platillos y alegría. Trabajaron juntos, planearon su boda y el amor creció poco a poco.
La ceremonia fue sencilla, pero perfecta.
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