—Estamos aquí por nuestro papá —anunció la segunda, con la seriedad de una adulta.
—Él lamenta muchísimo llegar tarde —agregó la tercera—. Tuvo una emergencia en la chamba. Por eso todavía no llega.
Sofía parpadeó una vez. Dos veces.
Esto… no era como se suponía que debían ser las citas a ciegas. El Café Jacaranda, en la Condesa, debía ser tranquilo, romántico, una oportunidad para ver si su amiga Paola tenía razón sobre “ese hombre bueno, de ojos amables, que ya merece algo bonito”.
Paola había omitido un detalle… mínimo: trillizas.
Sofía dejó el celular lentamente. Su confusión se mezcló con algo más suave. Curiosidad, tal vez. Incredulidad.
—¿Su papá las envió?
La primera niña negó con entusiasmo, los rizos rebotándole como resortes.
—Bueno… no exactamente. Todavía no sabe que estamos aquí —confesó, sin culpa—. Pero viene.
—Lo prometemos —intervino la segunda, como si estuviera firmando un contrato.
La tercera sonrió con una mezcla de picardía y ternura.
—¿Podemos sentarnos con usted? Llevamos toda la semana esperando conocerla.
Sofía miró alrededor. Un par de clientes ya estaban volteando, con sonrisas cómplices. El barista se asomó por detrás de la barra, divertido. Sofía suspiró, rendida.
—Está bien —dijo, señalando las sillas vacías—. Pero me van a explicar todo… desde el principio.
Las tres se subieron a las sillas con una coordinación perfecta, como si compartieran un mismo hilo invisible.
—Yo soy Renata —dijo la primera, extendiendo una manita como empresaria.
—Yo soy Valentina —anunció la segunda, orgullosa.
—Y yo soy Lucía —susurró la tercera, acercándose un poquito—. Y somos buenísimas guardando secretos… excepto este. Papá lo va a descubrir pronto.
Sofía soltó una risa real, de esas que salen sin permiso.
—A ver, señoritas… ¿cómo supieron que yo iba a estar aquí?
Renata se inclinó hacia adelante, muy seria.
—Oímos a papá hablando por teléfono con la tía Paola. Dijo que iba a encontrarse con alguien llamada Sofía en el Café Jacaranda a las siete.
—Estaba nervioso, nerviosísimo —remató Valentina—. Se estaba acomodando la corbata en el espejo.
Lucía asintió como si fuera una conclusión científica.
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