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Pensó que iba a una cita con un hombre experimentado. Nunca imaginó que la bienvenida serían tres niñas inocentes.

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Sofía sintió el ardor inesperado en los ojos. Tragó saliva.

—No soy perfecta —dijo con honestidad—. Pero sí me gustaría conocer a su papá… cuando él esté listo.

—¡Está listo! —dijeron las tres a la vez.

—Solo que todavía no lo sabe —remató Renata, cómplice.

Veinte minutos después ya tenían chocolate caliente frente a ellas (invita Sofía) y contaban historias como si llevaran años de amistad.

—Una vez papá intentó hacernos trenzas para la escuela —se carcajeó Valentina—. Parecían nidos.

—Tres nidos —corrigió Lucía, y se rieron las tres.

Sofía también se encontró riendo, ligera, como si alguien le hubiera soltado un nudo del pecho que ni sabía que traía.

—¿Y usted tiene hijos? —preguntó Renata de pronto.

La pregunta cayó suave… pero dolió igual.

—No —respondió Sofía, y su sonrisa bajó apenas.

—¿Los quería? —insistió Valentina, curiosa.

Sofía dudó. No era conversación de primera cita… pero esto no era una tarde normal.

—Sí —admitió—. Siempre pensé que sí. Pero a veces la vida no sale como una la planea. Estuve comprometida… y él se fue cuando supo que para mí sería difícil tener hijos. No es imposible, dijo el doctor… pero tampoco es probable.

Las trillizas escucharon con una solemnidad extraña, como si fueran viejitas chiquitas.

—Eso es triste —murmuró Renata.

—Lo fue —asintió Sofía—. Y todavía a veces…

Valentina le dio una palmadita en la mano.

—Quizá usted no necesita tener hijos… quizá solo necesita encontrar unos como nosotras.

Sofía se quedó sin aire.

Antes de que pudiera responder, la puerta del café se abrió de golpe.

Un hombre entró sin aliento, con la corbata torcida y el cabello castaño despeinado, buscando algo con pánico en la cara. Su mirada recorrió el lugar hasta clavarse en una mesa de la esquina: tres cabezas rubias inclinadas sobre chocolate caliente… y una mujer frente a ellas con la expresión entre sorprendida y encantada.

—Ay no… —susurró Renata.

—Ya llegó —dijo Valentina, satisfecha.

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