"Bueno", dijo, sonriendo como si fuéramos viejos amigos. "Mira quién finalmente decidió llamar".
Por un momento, solo pude ver el rostro de Daniel, pálido contra la almohada del hospital, con los ojos abiertos justo el tiempo suficiente para decir que me amaba.
"Daniel se ha ido", dije.
Las palabras salieron planas, despojadas de la realidad, porque si las dejaba...
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