El olor que salió la golpeó como una bofetada.Era el olor de la muerte. Dulzón, pesado, imposible de ignorar. Sophia se llevó la mano a la boca para no vomitar.Los pasos se detuvieron justo afuera del vestidor."¿Sophia? ¿Estás ahí adentro?" Era la voz de Richard, débil y cansada como siempre.Sí, señor Blackwood. Solo estoy… terminando de limpiar", logró responder mientras su mente procesaba lo que acababa de descubrir.Con la linterna del celular iluminó el interior de la pared. Lo que vio la dejó paralizada.No era solo podredumbre. No era solo moho.Había algo más. Algo que brillaba débilmente en la oscuridad. Algo metálico.Richard se alejó, sus pasos resonando en el pasillo de mármol. Sophia esperó hasta estar segura de que se había ido.Entonces metió la mano en el agujero.Sus dedos tocaron algo frío y cilíndrico. Lo sacó con cuidado, sin poder creer lo que tenía entre las manos.Era una tubería. Pero no cualquier tubería.Una tubería de plomo, completamente corroída, goteando un líquido verdoso que había estado filtrándose por las paredes durante años.Era Elena, la esposa de Richard."Paciencia, amor. Ya no falta mucho. Los médicos dicen que su sistema está cada vez más débil", respondió una voz masculina que Sophia no conocía.Sophia sintió cómo se le helaba la sangre. Pegó la oreja a la puerta del vestidor."Pero esa nueva empleada de limpieza… me da mala espina. Hace demasiadas preguntas", continuó Elena."Tranquila. Si se vuelve un problema, ya sabes qué hacer."Los pasos se alejaron, pero Sophia había escuchado suficiente
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