Su madre cruel invitó a su ex a su boda… pero ella llegó con gemelos y los destrozó a los dos.

Iba por los niños.

Cuando Elodie y Lucas recogían las cosas, Oliver se quedó atrás.

El sedán bajó una ventana.

Una mano extendió algo brillante.

Una tablet con el dibujo favorito del niño.

—Hola, pequeño —dijo una voz desconocida desde el auto—. ¿Quieres ver el resto del show?

Oliver dio un paso.

—¡Oliver! —gritó Elodie, girándose.

Los neumáticos chillaron. El sedán aceleró y se fue, dejando al niño parado, confundido, en la acera.

Lucas corrió y lo levantó en brazos con el corazón golpeándole las costillas.

Miró el auto alejándose.

—Está intentando llevárselos… —susurró, helado—. No va a esperar a la corte.

Elodie endureció el rostro como piedra.

—Entonces se acabó la defensa. Ahora vamos al ataque.

Porque lo que Victoria acababa de hacer no era manipulación.

Era guerra.

Y ella acababa de tocar la única línea que no se toca: los niños.

La pregunta es simple, pero no fácil: si fueras Elodie, ¿hasta dónde estarías dispuesto a llegar para proteger a tus hijos cuando alguien con poder decide que son “propiedad”? ¿Qué habrías hecho tú?

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