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Su marido aplaudió al verla firmar el divorcio… pero quedó en shock cuando subió al jet millonario…

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Quizás Elena había conseguido trabajo como azafata o asistente de vuelo para alguna empresa de aviación ejecutiva. Era una explicación que tenía sentido dada su necesidad de ingresos después del divorcio. O tal vez estaba acompañando a algún empleador a un viaje de negocios en calidad de secretaria o asistente personal. La tercera posibilidad, que Elena fuera en realidad una pasajera en el Jet, le pareció lo suficientemente improbable como para descartarla inmediatamente. Durante 12 años de matrimonio, Elena nunca había demostrado tener los medios o las conexiones para acceder a transporte aéreo privado.

Sus viajes habían sido limitados y siempre en líneas comerciales, generalmente para visitar a su familia en Oaxaca durante las festividades importantes. El sonido de los motores del jet incrementándose lo sacó de sus pensamientos. Rodrigo observó mientras la aeronave se dirigía hacia la pista el proceso de taxi que precedía al despegue. Había algo profundamente perturbador en ver a su exesposa involucrada en un mundo que él había asumido que estaba completamente fuera de su alcance. Su teléfono celular sonó interrumpiendo su concentración.

Era Carlos Villarreal confirmando su reunión y preguntando si Rodrigo podría llegar 15 minutos antes para revisar algunos documentos preliminares. Rodrigo confirmó que estaría ahí, pero su voz sonaba distraída, incluso para él mismo. Mientras se dirigía hacia el restaurante donde se encontraría con Carlos, Rodrigo no pudo dejar de pensar en la imagen de Elena subiendo a ese jet. Había algo en su postura, de la manera en que el piloto la había saludado, que sugería familiaridad. No era la interacción entre un empleado y su superior, ni tampoco la de una pasajera ocasional, siendo asistida por la tripulación.

Era más parecida a la forma en que los empleados del hotel saludaban a huéspedes regulares con el tipo de reconocimiento que viene de encuentros repetidos. Carlos Villarreal ya estaba esperando en el restaurante cuando Rodrigo llegó sentado en una mesa junto a la ventana con una vista parcial del paseo de la Reforma. Era un hombre de unos 50 años con el tipo de confianza tranquila que viene de décadas de éxito en el desarrollo inmobiliario. Tenía varios proyectos en desarrollo en la Riviera Maya y estaba buscando socios técnicos para la infraestructura de ingeniería.

Rodrigo, dijo Carlos poniéndose de pie para estrechar la mano. Te ves pensativo todo bien con los asuntos legales. Rodrigo se sentó y tomó la carta que le ofrecía el mesero. Todo resuelto. Gracias. Disculpa si parezco distraído. Ha sido una mañana interesante. Los divorcios pueden ser complicados, dijo Carlos con simpatía práctica, pero también liberadores. Ahora puedes enfocarte completamente en expandir tu negocio sin las complicaciones domésticas. Era exactamente lo que Rodrigo había estado pensando, pero por alguna razón las palabras de Carlos no le trajeron la satisfacción que había anticipado.

En lugar de eso, se encontró pensando en Elena caminando hacia ese jet con una confianza que parecía completamente natural, como si fuera algo que había hecho muchas veces antes. Cuéntame sobre los proyectos en Tulum”, dijo Rodrigo forzándose a enfocarse en la conversación. ¿Qué tipo de infraestructura están considerando? Carlos desplegó algunos planos preliminares sobre la mesa. Los proyectos eran ambiciosos. Un desarrollo residencial de lujo con campo de golf, marina privada y facilidades para aviación ejecutiva. El tipo de proyecto que requeriría no solo experiencia en ingeniería, sino también conexiones con proveedores especializados y acceso a materiales de alta gama.

La parte complicada, explicó Carlos, es que muchos de nuestros clientes potenciales están acostumbrados a un cierto nivel de sofisticación. Necesitan poder volar directamente desde la Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey. Estamos hablando de personas que poseen aviones privados o que tienen acceso a servicios de aviación ejecutiva de alta gama. Rodrigo trató de enfocarse en los detalles técnicos que Carlos estaba explicando, pero su mente siguió regresando a la imagen de Elena, como una mujer que había vivido modestamente durante 12 años, que había trabajado ocasionalmente en empleos administrativos de medio tiempo, que conducía un Honda Civic de 5 años, tenía acceso a un jet privado.

¿Conoces empresas de aviación ejecutiva confiables?, preguntó Carlos. Necesitamos establecer alianzas para ofrecer paquetes completos a nuestros clientes. La pregunta cayó como una piedra en el estómago de Rodrigo. No, no tengo experiencia en esa área. Nunca he tenido necesidad de servicios de aviación privada. Carlos pareció sorprendido. En serio, pensé que alguien en tu posición Bueno, supongo que hay diferentes maneras de hacer negocios. Yo personalmente no podría manejar mis proyectos sin acceso constante a vuelos ejecutivos. El tiempo es dinero, especialmente cuando tienes propiedades en múltiples estados.

La conversación continuó por dos horas con Carlos explicando los detalles de sus proyectos y Rodrigo brindando información técnica sobre las posibilidades de ingeniería. Pero incluso cuando estaba hablando sobre especificaciones de construcción y cronogramas de proyecto, una parte de su mente seguía procesando el misterio de Elena y el Jet. Cuando finalmente se despidieron, Carlos parecía satisfecho con la reunión. habían establecido los parámetros básicos para una posible sociedad y Carlos había prometido enviar documentos más detallados para revisión. Rodrigo había manejado la reunión profesionalmente, pero sabía que no había estado operando al 100% de su capacidad.

Decidió regresar a su oficina para revisar algunos proyectos pendientes, pero descubrió que no podía concentrarse. Cada vez que intentaba enfocarse en planos de construcción o presupuestos, su mente regresaba a la misma imagen. Elena subiendo a ese jet con la confianza de alguien que sabía exactamente lo que estaba haciendo. A las 4 de la tarde, finalmente se dio su curiosidad y llamó a Patricia Mendoza. Licenciada”, dijo cuando ella contestó. “Disculpe que la moleste. Es Rodrigo Saavedra. Tengo una pregunta, un usual.

 

 

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