Cuando Dana preguntó por el hijo de Olivia, Thomas respondió en voz baja:
“Nadie estará solo hoy.”
EPÍLOGO
Meses después, la luz del sol llenaba un jardín.
Dana—limpia, sonriendo—sostenía al bebé David, mientras la risa la rodeaba.
Por fin lo entendió:
A veces la vida no te salva con milagros.
A veces te salva con la terquedad bondadosa de alguien que no tiene nada—
y se niega a volverse cruel.
¿Qué es la felicidad para ti—tenerlo todo… o por fin tener a alguien?
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