Hizo circular la noticia de que había sufrido un accidente y quedado paralizado de la cintura para abajo. Se movía en silla de ruedas, aparentaba debilidad y se decía que había “perdido” la mitad de su fortuna en tratamientos médicos.
Convocó a mujeres interesadas en postularse como su futura esposa.
Llegaron socialités, modelos e hijas de familias adineradas. Pero cuando vieron la condición de Xander…
—“¡Qué asco!” —dijo Tiffany, una modelo arrogante—. “¿Qué es esto? ¿Voy a ser su enfermera? ¿Cambiar pañales? ¡Ni loca! Yo nací para ser esposa trofeo. No me voy a enriquecer comprando medicinas.”
Una por una, las mujeres se marcharon. Ninguna quería cuidar a un hombre “inválido”. Xander quedó solo en la enorme mansión.
La única que permaneció fue Elena, la sencilla empleada doméstica.
Elena era callada y trabajadora. Sintió compasión por Xander.
—Señor Xander —dijo con suavidad—. Ya no queda ninguna postulante. ¿Tiene hambre? Puedo prepararle algo de comer.
—Vete tú también, Elena —respondió Xander con aspereza (seguía fingiendo)—. No tengo cómo pagarte. Solo soy una carga.
—No me voy a ir, señor —sonrió Elena—. Es mi trabajo cuidarlo. Además… usted siempre fue amable conmigo.
Desde ese día, Elena se convirtió en las manos y los pies de Xander.
Como él fingía no poder moverse, Elena tenía que cargarlo hasta el baño. Era la parte más difícil.
Todos los días, Elena bañaba a Xander.
—Señor, voy a tallarle la espalda, ¿sí? —avisaba ella con respeto.
Con una esponja y jabón, limpiaba su cuerpo con paciencia. No había asco en su rostro, solo cuidado y ternura.
Mientras le lavaba los brazos, hablaba con él:
—¿Sabe, señor? Sigue siendo guapo incluso en silla de ruedas. Lo importante es que está vivo. No pierda la esperanza.
Xander sintió la sinceridad de Elena. Ella era la mujer que había estado buscando. Una mujer dispuesta a limpiar su suciedad, una mujer que lo veía como persona y no como un cajero automático.
Tres meses después, Xander le propuso matrimonio a Elena.
—Elena, no puedo darte lujos. Estoy paralítico. Pero te amaré siempre. ¿Te casarías conmigo?
Elena lloró y lo abrazó.
—Sí, señor. Yo lo amo.
Llegó el día de la boda.
La ceremonia fue sencilla, en un jardín. Asistieron algunas de las mujeres “rechazadas”, como Tiffany, solo para burlarse.
—Mírenlos —susurró Tiffany—. Una sirvienta y un inválido. ¡Suerte empujando la silla de ruedas toda la vida!
Las risas llenaron el lugar.
Elena estaba en el altar, hermosa con su sencillo vestido de novia. Xander se encontraba al inicio del pasillo, sentado en su silla de ruedas.
Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.