Mi último deseo es que continúes lo que yo empecé, pero con amor, no con venganza.” Falleció en paz, rodeada de las personas a las que alguna vez mantuvo a distancia. En el funeral, Jamal habló con una foto de ella en sus manos y dijo, “Dorotti, tu amor fue complicado, pero fue real y lo llevaré conmigo para siempre.” Pero la vida aún no había terminado de bendecirlo. Aa, la asistente que una vez lo ayudó a conocer a la señora Dorotti aquella noche, comenzó a visitarlo más seguido.
Ella lo ayudó a administrar el imperio. Rieron, trabajaron y se apoyaron mutuamente. Y un año después se casaron en la misma mansión. La madre de Jamal se mudó con ellos. Su hermana se graduó y se convirtió en gerente de una de las empresas tecnológicas de la familia. La casa que antes era fría y llena de secretos se volvió cálida y llena de vida. De esta historia aprendemos una verdad poderosa. A veces el amor comienza con dolor. A veces el perdón es la única forma de liberarse.
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