Vendió todo para poder graduar a sus hijos — veinte años después, llegaron vestidos con uniformes de pilotos y la llevaron a un lugar que ella jamás imaginó.
Doña Teresa tenía 56 años y era viuda.
Sus únicos hijos eran Marco y Paolo.Vivían en un barrio humilde a las afueras de Toluca, en el Estado de México. La casa era pequeña, de paredes sin repellar y techo de lámina, construida con años de esfuerzo junto a su esposo, quien trabajaba como albañil en obras de construcción.
Un día, todo cambió.
Su marido murió en un accidente laboral cuando una estructura colapsó en la obra donde trabajaba. No hubo indemnización justa. No hubo justicia rápida. Solo silencio… y deudas.
Desde entonces, Teresa fue madre y padre al mismo tiempo.
No tenían negocio. No tenían ahorros. Solo aquella casita y un pequeño terreno heredado por la familia de su esposo en las afueras del pueblo.
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