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Vendió todo para poder graduar a sus hijos — veinte años después, llegaron vestidos con uniformes de pilotos y la llevaron a un lugar que ella jamás imaginó.

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EL ATARDECER DE UNA MADRE

Esa tarde, los tres se sentaron a mirar el atardecer sobre el lago.

El cielo se pintó de naranja y rojo.

Se abrazaron.

El viento suave parecía una caricia del pasado, como si su esposo sonriera desde el cielo, orgulloso.

—Ya puedo descansar tranquila —susurró Teresa.

Porque sus hijos no solo aprendieron a volar.

Aprendieron el verdadero significado del sacrificio.

Y ella descubrió que cuando una madre siembra amor…
la vida siempre lo devuelve multiplicado, con alas.

Hoy, antes de dormir… ¿vas a llamar a tu mamá?

Porque al final… todos volamos gracias a alguien que caminó descalzo por nosotros. ¿Quién fue el tuyo?

Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.

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