EL ATARDECER DE UNA MADRE
Esa tarde, los tres se sentaron a mirar el atardecer sobre el lago.
El cielo se pintó de naranja y rojo.
Se abrazaron.
El viento suave parecía una caricia del pasado, como si su esposo sonriera desde el cielo, orgulloso.
—Ya puedo descansar tranquila —susurró Teresa.
Porque sus hijos no solo aprendieron a volar.
Aprendieron el verdadero significado del sacrificio.
Y ella descubrió que cuando una madre siembra amor…
la vida siempre lo devuelve multiplicado, con alas.
Hoy, antes de dormir… ¿vas a llamar a tu mamá?
Porque al final… todos volamos gracias a alguien que caminó descalzo por nosotros. ¿Quién fue el tuyo?
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